sábado, 25 mayo 2019

Pedro González, el escultor del San Francisco de Asís de Gotera

Morazán

Pedro Napoleón González, tiene actualmente 90 años de edad

Redacción y fotografías: Brenda Prudencio

Amante de la carpintería, de la agricultura, la pintura y la escultura,  Pedro Napoleón González,  mejor conocido como “don Pedro” ha dejado en San Francisco Gotera, Morazán,  un legado de enseñanza y también de arte.

De joven nunca faltaba a la iglesia católica, su trabajo era encortinar, adornar, hacía el monumento al Santisimo de semana santa y el nacimiento en navidad. En ese tiempo pertenecía a la directiva de la iglesia; era una pieza fundamental dentro de ella y admirado por todos ya que era útil para hacer cualquier tipo de trabajo que se le encomendara y fue así de esta manera que adquirió mayor conocimiento y aprendió aún más, brindando su servicio,  “no me soltaban de la iglesia, siempre me tenían ahí”, rememora.

Para entrar a la vivienda pintada de un color ocre y anaranjado pálido de don Pedro,  ubicada en barrio El Calvario, avenida Morazán, hay 2 opciones, una por la puerta principal que a su alrededor tiene un pequeño muro,  una verja en los costados de arriba de color negro, la adornan grandes  jardines y una puerta pequeña que se abre con solo meter la mano en una abertura,  la otra entrada es por el portón, es ahí donde recibe sus visitas.

Su pelo está cano, su mirada tras los lentes es firme, tierna y ergido pese a sus años,  aún conserva una figura de un hombre elegante, una sonrisa dulce, un goterense al que su gorra o cachucha no le falta, de vez en cuando carga junto a él un bastón y lo sostiene con sus manos frágiles, viendo pasar a las personas que van y vienen hacia el centro de San Francisco Gotera, saluda a sus amistades que pasan por la calle hasta que comienza a oscurecer

En casa de don Pedro hay una hamaca, unas cuantas sillas, en las paredes: cuadros de imágenes religiosas, también tiene un diploma de reconocimiento otorgado por el comité de Morazánicos residentes en San Miguel, otro por su aporte personal y la elaboración de la carroza del patrón “San Carlos Borromeo” durante muchos años en la Villa de San Carlos.

A sus 90 años se enorgullece decir que toda su vida la ha vivido en San Francisco Gotera.  En un pequeño cuarto que está al costado izquierdo de la sala, tiene un piano, un instrumento que aprendió a tocarlo en la iglesia y que hoy con tanta facilidad aún recuerda y ejecuta muy bien, es su lugar favorito para desestresarse, sentirse alegre y tener un rato de tranquilidad.

En ese mismo lugar aún están plasmadas los recuerdos de la peluquería que funcionó ahí mismo en otros tiempos y que era de su propiedad.

Don Pedro, también fue profesor de “artes inseles manuales”, se trasladó hasta San Salvador porque tuvo que ir a hacer un curso de nivel superior en el cual le otorgaron un diploma de reconocimiento por su desempeño. Le gustaba mucho la escultura y aprendió a hacer muy bien ese oficio; cualquier imagen que le decían que hiciera, él se las hacía con facilidad. Hizo “un Cristo” que aún  conserva y lo cuida como si estuviese recién hecho; lo tiene guardado en un cuarto, envuelto en una bolsa plástica grande; la imagen está intacta y muy bien estructurada.

Su bisabuela Margarita Martínez López fue un ejemplo a seguir para don Pedro, pues, era muy católica y fue ella quien le inculcó el acercamiento a la iglesia; al cumplir los 50 años de servicio en las bodas de oro de las Guardias de Honor al Santísimo Sacramento, en la Parroquia de San Francisco Gotera, a doña Margarita el Papa Benedicto XI le mando desde Roma un reconocimiento; ella vivió 102 años y murió el 20 de diciembre de 1972.

Monumento a San Francisco hecho con sus manos

Cuando se ingresa a la ciudad de San Francisco Gotera hay un pequeño triángulo que da la bienvenida, ahí está la imagen de San Francisco y un lobo, este santo es patrón de la localidad.

Este monumento fue parte de los trabajos que realizó don Pedro, se encontraba trabajando en la iglesia cuando llegó una señora, era la esposa del gobernador de ese entonces y le regaló  un Cristo, el cuál fue traído desde Guatemala, pero solo era la imagen; el padre Alfredo O´locrain le mando hacer la cruz; dentro del grupo de la directiva de la iglesia se encontraba el secretario de la alcaldía Toño Gómez quien andaba en busca de un escultor para que elaborara la imagen de San Francisco.

Don Pedro, junto a Luis Beltrán Amaya, quien residía en Santa Tecla y que también era escultor construyeron la imagen que adorna la entrada de la ciudad.

El monumento a San Francisco de Asís fue elaborado y colocado en el año de 1982; sus medidas aproximadamente son de 2 metros y medio, su color original era natural, pero con el paso del tiempo lo han pintado y hoy en la actualidad luce un color “Café oscuro y un lazo de color blanco en la cintura”.

Agricultor, mozo, albañil y artesano de carrozas

Don Pedro nació en el año 1,928 y ya tiene 90 años los cuales han marcado huella en su trayecto de  vida; ha vivido buenos y malos momentos, pero los positivos son los que han hecho de él una persona muy admirada y respetada,  sus  actos y acciones son unos de los factores más importantes dentro de su vida, ya que gracias a ellos su formación ha sido muy aceptada por las personas que lo rodean. Sin embargo, él si supo cómo sobre llevar las riendas del camino y dentro de ello está plasmado cada capítulo y episodio que marcó en su libro de historias.

De pequeño asistió a la escuela, en 1937, se llamaba “Gerardo Barrios”, su infraestructura era pequeña, actualmente ahí está el Instituto Nacional de La Juventud (INJUVE). Su nivel de estudio fue hasta cuarto grado, cuando tenía 12 años en 1941, debido a la falta de recursos económicos su familia decidió llevarlo a trabajar ya que en ese tiempo no era fácil estudiar.

¿Y usted anhelaba seguir con sus estudios? – Pues, no mucho, porque los profesores eran “templados” y si uno andaba en cosas lo “topaban galán”, rememora, aludiendo a lo estricto que eran los docentes en sus tiempos de escuela -Viera si yo le contara todo eso; habíamos unos que éramos desobedientes, nos ponían a sembrar arbolitos y si no los regábamos nos castigaban- recuerda.

En ese mismo año de 1941, cuando tenía 12 años, recién salido de la escuela, su mamá lo mandaba a dejar almuerzo a los trabajadores; su primer trabajo lo realizó como agricultor. En su juventud trabajó en las serranías de la colonia Santa Brígida; hacía milpas, rosales, tomateras, maicillales y todo lo que estuviera a su alcance, de hecho, su primera milpa la hizo en el “cerro El Picacho”.

Aprendió a trabajar muy bien, pues, también hacía chagüite en el rio, o sea milpa de verano. También trabajó de mozo, en albañilería, carpintería y en la escultura; de este modo, se entregó por completo a laborar para ayudar a sus padres, luchó para aprender todo lo que logró, teniendo que abandonar su estudio.

De igual manera, en su juventud realizó arreglos de carrozas y de la iglesia de las “composturas de la patrona”; lo buscaban para hacer este tipo de trabajos por la paciencia y la dedicación que le ponía para hacerlos. El municipio de Jocoaitique, departamento de Morazán, fue el que más visitó, estuvo ahí veinte veces; los alcaldes siempre lo mandaban a traer para que arreglara la carroza de “San José”; y fue así como sacó adelante a su familia.

Por todo Morazán y a Honduras

Gracias a la labor que desempeñaba tuvo la oportunidad de ir a conocer a Honduras; Tegucigalpa fue el lugar donde estuvo por tres días e hizo un nacimiento en ese lapso de tiempo, el trabajo se lo realizó a una señora que vivía en Gotera que por cuestiones de trabajo tuvo que trasladarse hasta el país vecino.

Junto a Juan Máximo Argueta, iniciando en 1954, recorrieron diferentes municipios de Morazán tales como: Jocoaitique, Lolotiquillo, Cacaopera, Sociedad, Joateca, Yoloaiquin, Delicias de Concepción, San Carlos, Yamabal, Chilanga y Osicala, elaborando carrozas y altares de iglesias, fue don Pedro quien le enseñó a trabajar.

Las carrozas que hacían las elaboraban con flores naturales y pequeñas estructuras hechas a mano por ellos. El trabajo que ejecutaban se diferenciaba de los demás por la calidad, dedicación e interés que le ponían. En Gotera trabajaron haciendo  carrozas por muchos años, el propietario de “Funeraria Guatemala”, Remberto Guatemala, era quien los buscaba para hacerlas. En 1981 hicieron la última carroza de “San Andrés” de Yamabal en el tiempo de guerra.

Juan Argueta, -Sentado en un banco de madera, quinesiólogo, sombrero blanco, camisa holgada y de pantalones cortos, está entre los personajes más emblemáticos de San Francisco Gotera; trabajó junto con don Pedro, “era muy bueno trabajando haciendo altares y la gente le decía que éramos hermanos – ¿Y por qué decían eso? -Porque nos parecíamos, -No, yo solo soy mozo de él, les decía. Pedro fue mi padrino de matrimonio en 1960. Cuando hacíamos las carrozas yo tenía 52 años y hoy ya tengo 78; Pedro era muy trabajador en sus tiempos, era temático en todo, juntos hacíamos contratos para ir a trabajar en las carrozas; nosotros hicimos las mejores carrozas en el Barrio El Calvario con Remberto Guatemala, rememora.

Don Pedro recuerda perfectamente al amor más grande de su vida, a su primer amor, dice…

¿Recuerda quién fue su primer amor? –mi primer amor fue mi esposa, dice con seguridad.

Se casó a los 35 años, procrearon 5 hijos: Nidia Margarita, Felipe Noé, Flor de María, Blanca Emisela y Sarai Gonzales. Su esposa se llamaba Margarita; eran miembros de la iglesia, asistían a las celebraciones juntos; se conocieorn en las fiestas patronales haciendo carrozas y arreglos de la iglesia.

Para Blanca, una de las hijas de don Pedro, enfermera, elegante, cabello negro y rizado, con voz dulce, define la personalidad de su padre como un hombre íntegro, responsable con la familia, religioso, y temeroso de Dios. “Como hija, para mí, mi papá es lo mejor que ha hecho para cada uno, nos sentimos orgullosos de él, -Tal vez como hijos no tuvimos el mismo don de él, pero, nuestros nietos lo han heredado”. Por el momento no asiste a la iglesia porque ha sido operado 2 veces en el ojo derecho, es por esa razón que él ha quedado con miedo de ir solo a misa..

 Memoria en el tiempo

Tomás Argueta, un joven generoso y con paciencia en abundancia, estudiante, conoció a don Pedro de una manera singular, pasaba por la calle donde él vive y lo vio sentado afuera de su casa, lo saludaba.

Por parte de la Casa de la Cultura le asignaron recabar información de él ya que era un personaje emblemático, para hacer un libro, Tomás le dio seguimiento a lo acordado y eso fue el trampolín para generar una gran amistad. “El que tiene un amigo tiene un tesoro, la verdad es que don Pedro es un tesoro que se refleja en humildad y en sencillez”, fue un pilar fundamental para su familia porque desde joven tuvo que trabajar muy duro, una persona que aprendió con los golpes de la vida a ser educado, responsable, capaz, inteligente y emprendedor- comentó el joven.

Don Pedro a través de versículos de la biblia recuerda nombres; si se entabla una conversación se le olvidan las cosas, pero sí viaja al tiempo en que era joven recuerda con exactitud todo,  “no me aburre escucharlo hablar, porque la edad que tiene él es en la que todas las personas llegan y se vuelven como niños y este necesita atención y ser escuchado” agregó.

 ¿Cómo quisiera que lo recordaran las personas que lo conocen? Bueno, ahí depende de la gente, porque a veces uno cae bien y para otros cae mal ¿Qué legado le gustaría dejar? –El ejemplo de la vida que uno ha tenido, como ha vivido, si ha tenido vecinos, si ha tenido arreglos y desarreglos con ellos y todos son amigos pero el que no quiera ser amigo pues Amén”.

Equipo de periodistas, estudiantes, editores y productores de la Carrera de Comunicaciones de la Universidad de Oriente UNIVO.

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