jueves, 12 diciembre 2019

Por los caminos de San Antonio del Mosco

La zona rural de San Antonio del Mosco está fragmentada, abandonada, la pobreza a flor de piel, como un fantasma que nunca se va.

En los caseríos La Honda y La Fragua de cantón San Dieguito,  los paisajes son hermosos; estar en la zona antoja pasarse por el puente colgante o por el río Torola que en verano yace apacible dejando pasar los vehículos de doble tracción, el paisaje es rocoso y bello, de postal.

La vista panorámica contrasta con la realidad social. Después de cruzar el río la calle es tortuosa, llena de piedra a la que llaman: talpuja, lo que dificulta circular, a la orilla de esta las grietas, las hondonadas, la estrechez de lo que quizá algún día fue calle.

Los niños caminan por calles polvorientas hasta sus escuelas, algunas alejadas de sus lugares de residencia, las calcetas de las niñas son color polvo.

Llegar a caserío La Honda es más triste, el último tramo de lo que quedó como calle lo hicieron los campesinos a punta de piocha, pero ya no pudieron más, el terreno es de laja y piedra. Ellos recuerdan que la única vez que les mandaron una máquina para poder mejorar un tramo de calle, esta se arruinó y la calle para ese lugar y para San Dieguito no es buena, los buses no llegan a esa zona, por el lado de Torola (Morazán) hay que caminar 40 minutos para tomar el transporte público, por el lado del río Torola hacia Ciudad Barrios unos 20, para los acostumbrados a caminar.

Este municipio fue declarado en pobreza extrema severa en el informe de Fondo de Inversión Social y Desarrollo Local hace ya 14 años y el panorama no ha cambiado mucho: las casas de las zonas que vimos son de madera, de madera vieja, de varas de bambú, de adobe, láminas o plásticos.

El único edificio que destaca en el casco urbano es la alcaldía, la cual cuenta con aire acondicionado, más abajo quien destaca es el río Torola, con sus enormes piedras redondas amontonadas a la orilla como si alguien está llevándoselas, donde lavan la ropa y se asean todos los de las familias, del que toman agua, del que se recrean y que posiblemente pierdan si se inunda con la construcción de la presa El Chaparral.

La carretera Longitudinal de Norte dejó más marginada la Villa de San Antonio, los 7 kilómetros de calle polvosa que conectan al municipio lo dice todo,  parece, aún es un área ruralizada.

La gente de San Antonio del Mosco necesita de las autoridades locales y nacionales mayor atención en todas las áreas, escuelas más cerca de los niños, calles que les ayuden a sacar sus cosechas y sus enfermos, trabajo, más oportunidades para estudiar, mejor alimentación, desarrollo social, vivienda digna, necesitan cultivar huertos, necesitan de funcionarios que les ayuden a salir adelante, comprometidos con aquellos que les confiaron su voto.

Periodista, creo en Dios, soy fiel creyente en el potencial de los jóvenes para impulsar una mejor sociedad, me encanta ser parte de la formación de conciencia y conocimientos como docente, y ahora he emprendido una nueva aventura como Coordinadora de UNIVO News.