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“Debemos aprender a hacer alianzas, olvidarnos de la exclusiva”

Mujeres periodistas de investigación en Centroamérica

Fue en la región noroeste de México, en San Fernando Tamaulipas, que 72 inmigrantes fueron masacrados en 2010; el hecho se registró en el mes de agosto,  ahí fueron ejecutados 58 hombres y 14 mujeres, la mayoría inmigrantes de Centro y Sudamérica.

Xiomara Orellana, periodista de investigación, de nacionalidad hondureña vivió una experiencia extrema, peligrosa,  al ir a cubrir los hechos recién pasada la masacre y cuando aún estaba pendiente el reconocimiento de los cuerpos.

Ella  es una mujer elegante, delgada, viste juvenil, zapatos bajos, una mochila en la que carga su laptop y todo lo necesario para dar tutoría a un grupo de periodistas del programa Internews que ayuda con sus proyectos a los colegas de la región del triángulo norte.

Sentada, con sus piernas cruzadas en posición de yoga, Xiomara detalla los días en los que llegó de prisa a México y también como fue sacada de ese país junto a su fotógrafo debido a la inseguridad.

“A todos nos impactó la muerte de connacionales del triángulo norte, inmediatamente me pusieron en contacto con periodistas de México, ya se iban viendo las cifras y era alto el número de víctimas, eso provocó que en mi diario (La Prensa de Honduras) me asignaran viajar; la decisión se tomó en menos de dos horas, armar maleta, llegar al aeropuerto, no tuve tiempo de pensar donde iba, la verdad es que los protocolos son diferentes en nuestros países, no se compara con lo que hay en México” comentó.

Cuando Xiomara y el fotógrafo asignado viajaban hacia el estado de Reinosa, un sitio conocido por el alto índice de homicidios, ametrallamientos y “levantones”, un colega suyo del diario El Universal le asesoró y reaccionó asustado pues en México los periodistas no suelen ir a los lugares donde hay crimen organizado, le llamó “loca”, pero ella ya estaba en tránsito, así que no le quedó de otra que aconsejarla, y entre sus recomendaciones le dijo que se quedara en el hotel más caro que encontrara, que no confiara en nadie y por supuesto, que no dijera que era periodista.

“Llegamos a media noche, nos trasladamos a eso de la 1:00 de la madrugada al hotel, no nos habíamos acostado cuando escuchamos relajo, el miedo nos agobiaba, nos quedamos en la habitación; en la mañana nos enteramos que ahí en el hotel habían secuestrado al fiscal y al jefe de la policía que llevaba el caso de Tamaulipas, era un panorama tenso” rememoró.

Pese al incidente los periodistas rentaron un vehículo, era de uno de los trabajadores del hotel quien además se ofreció por $150 para llevarlos, aunque éstos no le habían explicado hacia donde se dirigían y quienes eran.

Una vez en la gasolinera le hicieron saber que iban hacia San Fernando, a media hora de ahí, que eran periodistas y que andaban tras el caso de la masacre en Taumaulipas, fue la segunda vez que les llamaron “locos” pero además, que los iban a matar. Pese al miedo del guía, luego de recorrer media hora en el vehículo llegaron a su destino, lo supieron por el rótulo desvencijado que daba la bienvenida, ahí se detuvieron para la respectiva foto de referencia.

“A medida avanzábamos notamos que no había gente, caminamos por un pueblo solitario, vimos un señor a quien le preguntamos donde quedaba la policía y no nos quiso hablar” recuerda Xiomara, pero siguieron caminando y dieron con la estación, estaba tiroteada, las computadoras estaban encendidas, había huellas de violencia, entonces los periodistas empezaron a tener miedo, decidieron moverse y un carro con una placa en la que se leía: CDG les seguía.

“Llamé al colega del Universal y me dijo- es un carro del Cártel del Golfo, sal de ahí, los van a matar”, al rato llegó una patrulla de la marina, nos sacó, nos custodió” recuerda.

Les dejaron en el hotel con la advertencia que no se movieran, pero sabían que en esos momentos había un  contenedor donde habían metido los cadáveres de las 72 víctimas mientras  se daba el proceso de identificación. Xiomara y su colega se fueron a la Procuraduría General de la República (PGR) para conseguir una versión oficial, al llegar se dieron cuenta del peligro en la zona ya que la PGR estaba atrincherada con costales de arena, como en las guerras y lograron por un descuido del oficial que les atendió, ver el primer listado de nombres de las víctimas, lograron la foto.

El procurador les advirtió que no estaban seguros, más si eran periodistas y por tercera vez les llamaron “locos”, fueron los soldados que estaban en la PGR.

“Pecamos de atrevidos, pese a las advertencias…me fui  a meter a un albergue de inmigrantes en Reynosa, hice entrevistas, fotos y tuvimos que salir con cuidado, ahí no son bienvenidos los periodistas” según les advirtieron.

Salvados por unas baterías

Luego del intenso reporteo Xiomara y su fotógrafo decidían si ir a comer o comprar las baterías del flash, aunque el hambre apremiaba decidieron ir por las pilas para luego comerse unos tacos y mientras caminaban explotaron dos bombas, una en la gasolinera local y otra en la taquería donde planeaban comer… se militarizó la zona en poco tiempo.

“Mi jefa me llamó de Honduras, que de Cancilleria mexicana se comunicaron,  que teníamos  que salir, había demasiado peligro”.

Pero fue hasta que personal de la Embajada de Honduras en México les fue a recoger, les bajaron las maletas y los pusieron en un avión al Distrito Federal que salieron; por cierto, no había cupo en el avión, entonces los soldados bajaron a dos personas de este y mandaron a los periodistas hondureños lejos de Tamaulipas.

“Hasta ahí entendí el nivel de riesgo al que anduvimos expuestos” cuenta Xiomara, entre la nostalgia de su valentía y el sentimiento de haberse arriesgado demasiado.

Xiomara lleva ya 25 años de ejercer el periodismo, en los últimos 10 años en investigaciones y el caso de Tamaulipas no fue el único en el que expuso su vida, ya que en un tema sobre tierras en la zona de Santa Rosa de Copán le dispararon a ella y a quienes le acompañaban, investigaba supuestos entrenamientos de campesinos con armas en la zona y lo comprobó; sin embargo llegar hasta el lugar significó más de dos horas de negociación para que les liberaran y luego enfrentarse a las autoridades locales que querían impedir que se publicaran fotos.

“Me apasionan los temas sobre corrupción, narcotráfico, crimen organizado, y eso genera experiencias fuertes, uno se apasiona, no mide el riesgo, Dios me ha guardado, algún propósito tiene para que pueda contar la historia” dice mientras se muerde los labios, como rememorando sus coberturas.

“El ambiente ha cambiado, los peligros son diferentes, los periodistas nos autocensuramos por protección, una de las salidas, para no callarnos es que debemos aprender a hacer alianzas y olvidarnos de la exclusiva, de la primicia, porque nos expone, esa es parte de la lección que debemos aprender” aconseja.

 

Xiomara Orellana

Palabra que le define: Fuerte

Admira a: papa Francisco

Academia: Soy maestra, Periodista, Licencada en Ciencias Jurídicas.

Alguien en especial que ha entrevistado: padre Alejandro Solaindine, la voz de los pobres.

 

Sobre Xiomara Orellana:

  • En el año 2011 sus trabajos sobre trata de hondureñas en Guatemala fueron premiados por el Foro Nacional de Migraciones en Honduras (Fonamih).
  • Ha sido invitada como participante en conferencias internacionales en Bogotá y Barrancabermeja en Colombia y Guatemala.
  • Realizó una pasantía durante tres semanas en la revista Mother Jones en San Francisco, California, donde escribió el artículo en inglés sobre cómo es hacer periodismo en uno de los países más violentos del mundo.
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Liliana Monroy

Periodista, creo en Dios, soy fiel creyente en el potencial de los jóvenes para impulsar una mejor sociedad, me encanta ser parte de la formación de conciencia y conocimientos como docente, y ahora he emprendido una nueva aventura como Coordinadora de UNIVO News.

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