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Irracionalmente amor

Por: Licda. Orquídea Elías/Psicóloga Clínica

foto: web

Existe un dicho que me gusta tanto y paradójicamente antes de escribir estaba en mi mente, y dice: “A los veinte te diviertes, a los treintas aprendes y a las cuarenta pagas los tragos”, les aseguro solemnemente que no quiero esperar hasta tener cuarenta.

Un veintisiete de los meses más frescos del año marcaba el periódico y junto a mi escritorio me cuestionaba la decisión, a veces me desvelo y pongo trampas a la cama, y recuerdo el detalle de ese mensaje “religiosamente la veo, y eso me permite aguantar otros 10 años”

Confío que no era el mejor mes, existían emociones encontradas, libros sin publicar y un exceso de agotamiento como droga para olvidar. Como en toda historia existe una verdad absoluta, la verdad de los protagonistas y que crearon porque así tenía que ser, pero a lo largo de los años he aprendido a observar detrás de la historia, a leer esas emociones ocultas y a escuchar detenidamente el silencio de esa mirada.

Queridos lectores este solo es otro cuento que salió mal, entonces les juro que mis intenciones se volvieron emotivas…

Como era costumbre los jueves me dirigía a ese pequeño bar, confieso que me encanta era acogedor, silencio y mantiene ese estilo ochentero que me agrada, pedí lo típico para la noche, esa copa de vino con queso gourmet, lo que nunca imaginé es la historia que encontraría y lo que movería en mí.

Recuerdo a esa chica cabello lacio con ondas y ese exclusivo color, piel con tonalidades subclaras y ese estilo peculiar de vestir; como siempre era costumbre me gustaba imaginar que las personas al igual que yo en ese bar, tenían su historia, y me gustaba imaginar cual era esa historia. Ese día en particular esa chica cautivo mi atención llevaba una falda plisada color verde con una camisa de Harry potter (interesante combinación, algo que probablemente yo utilizaría). No me pregunten como, pero pasadas un par de horas esa chica y yo habíamos empezado una conversación y dentro de tanto me contó la historia que siempre imagine.

Ella me contó que hace mucho tiempo conoció un chico que le robó el corazón (a lo que yo llamaré el amor romántico) ese chico era especialmente atractivo y de hecho me lo mostró, tenía razón era de buen ver, con ese chico mantuvo una relación de tres años, pero no se emocionó tanto, solo eran adolescentes en esa época, pero digamos que era el amor típico hermoso, desafiante, cautivador, el amor que todo lo puede y que se vive sin límites; dentro de ese amor ella era consciente que tenían barreras, de hecho eran muy diferentes, querían cosas distintas cosas que los llevarían por caminos extraños; tanto que al graduarse fueron más evidentes las diferencias y ese amor del que ella me comentó no lo pudo soportar, era de esperarse, a esa edad eres más errático y emotivo, no delimitas tus acciones.

 Entre pláticas tuvimos por supuesto que pedir otra copa la historia había llamado mi atención, más por el hecho de que ella seguía enamorada de una persona que estaba a mil millones de kilómetros.

Ella me comentaba que dado que la relación no terminó de la mejor manera, él quiso poner distancia y literalmente puso distancia; ahí es donde aparece la frase “religiosamente te veo” llegamos a un punto de la historia en el que ella siguió con su vida, se esmeró en ser la mejor, en crecer y volar alto con sus sueños pero se sinceró y me confeso que jamás olvido ese chico y que se cuestionó la decisión de, si debió luchar o apostar por él; a lo que yo por supuesto racionalmente respondí: ¿Qué cambiaría en la historia? …. ¡Silencio incomodo!

Ella me comentó que, así como ella creció él también lo hizo y formo su vida; sin embargo, hace unas semanas atrás ella descubrió que el aún sigue estando ahí y que en el más remoto de sus pensamientos en un momento puede pensar en ella, así como ella piensa en él.

Desde ese día que ella descubrió eso, ronda por su cabeza esa loca idea, aunque trata de frenarse, la piensa constantemente. Me odiarán tal vez por no terminar la historia, pero tenía que marcharme, se hacía tarde para ese compromiso al que no podía faltar.

Días después en mi oficina dispuesta a escribir como siempre lo hago, pensé en ella, y en ese amor. Me detuve por un momento y quise no ser racional, sino emotiva, y pensar como hubiera sido la historia si él hubiera decidido quedarse y ella hubiera decidido que las limitaciones solo eran superficiales, y solo, pero solamente en ese preciso momento recordé lo que hace el primer amor, tal vez no estaban listos, tal vez necesitaban madurar, necesitaban crecer y probar lo que es amar racionalmente; pero también me di cuenta que siempre tuvieron miedo a amarse en realidad y prefirieron hacerlo en la distancia (y si lo sé, no me juzguen, no suelo decir esas palabras) el viéndola religiosamente a ella, y ella viéndolo religiosamente a él para poder aguantar un par de años más, por el simple hecho de no ceder ante lo que puede existir aun.

Algo que he aprendido en estos años y en relación a mi propia historia, es que marcharse es toda una gran experiencia y a veces la poesía de la otra persona te hace querer volver. Medité mucho esa tarde y una de las cosas en las que pensaba es que en 10 años puedes cambiar, pero sumado a ese cambio sigue estando esa esencia, con el agregado de personas que conoces en el tiempo y los libros que lees; cosas grandes suceden en la vida y por supuesto cada trabajo que valga la pena requiere una segunda entrevista.

He entendido en todo este tiempo que el proceso no es lineal y quizás y no quiero que se me mal interprete hay personas con las que te casas y hay personas a las que amas y que es una colección de momentos y honestamente la idea de tener todos los posibles recuerdos me genera agrado. Esta historia puede ser banal y trivial para mucho, a mí me llevo a la reflexión por la historia más allá de lo superficial.

Tuve mucho tiempo para considerar el valor del recuerdo, y la idea de que si algo no dura por siempre no significa que su valor haya disminuido, puede ser que este ahí, en un espacio de nuestro cerebro muy bien resguardado, tal vez solo haya sido algo racional, sería más fácil entenderlo que el dolor que pudo ser, una vida sin vivir, honestamente no sé, pero elijo creer en el recuerdo, elijo creer en él, elijo creer que el lazo nunca se rompió y que nos llevamos el uno al otro en nuestra mente, como una secreta singularidad. Él me hizo mejor persona, mejor profesional, me convirtió en mejor ser humano. Habrá otros amores, incluso grandes amores, pero él tenía razón, solo uno permanece perdurable en el tiempo.

Redacción UNIVO NEWS

Equipo de periodistas, estudiantes, editores y productores de la Carrera de Comunicaciones de la Universidad de Oriente UNIVO.

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