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Elmer Amaya, de la interpretación musical con “cumbos” a ser director de orquestas

El arte de la música presente en su vida lo legó a la familia; los instrumentos musicales se han convertido en una pieza muy importante en el día a día para todos ellos.

Por: Fátima Marcela Rivas

Las melodías de la marimba Flor de Café, un instrumento de gran valor histórico en Ciudad Barrios, debido a que el ahora San Oscar Romero llegaba a escuchar en el Barrio Roma, es el recuerdo que tiene Elmer Alexander Amaya Guerrero de su primer encuentro con la música.

Don Alejandro Alberto Amaya Galdámez, su padre, era uno de los músicos de la marimba y quien con el tiempo se convirtió en un referente de este instrumento en dicho municipio.

Don Elmer Amaya con su padre, Don Alejandro.

Elmer Alexander Amaya Guerrero, tiene actualmente 67 años de edad, es originario de Ciudad Barrios, San Miguel y emprendió el camino en la música desde muy temprana edad, “la mayor parte de mi niñez fue alrededor de la música, mi padre ensayaba en la casa y yo observaba”, comentó.

 A los 7 años de edad aprendió a leer música, en aquel entonces no había suficiente material educativo de música para niños, solo poseía un libro que era de su padre, fue así como inició.

Elmer Amaya en su infancia.

Infancia

“Mi niñez la viví con humildad y sencillez, mi padre era músico y mi madre de trabajos domésticos, vivíamos en condiciones muy pobres, pero con el deseo de ser alguien en la vida”.

Elmer, desde pequeño buscaba la manera de hacer lo que le apasionaba, recuerda que cuando estaba solo se encerraba en un cuarto para poder practicar el canto y la música, sus primeros instrumentos fueron unos recipientes, “en los ratos que podía estar solo, me encerraba en un cuarto y con unos cumbos (recipientes) yo tocaba y trataba de cantar alguna canción, eso indicaba que a mí me gustaba la música, fui creciendo y acompañaba a mi padre a los compromisos de la iglesia, de la banda, en las fiestas patronales; él tocaba trompeta y yo siempre iba atrás de él porque era parte de mi vida, él fue mi primer maestro, quien me introdujo dentro de la música”, afirmó.

Amaya, fue un niño respetuoso, así lo señala él, “infancia casi no tuve como juego, porque era muy sumiso, no salía de mi casa, porque si yo salía me castigaban y quizá era respetuoso porque fui un hijo obediente”, recalcó.

Su entorno estaba marcado por diferencias sociales, puesto que sus compañeros de la escuela tenían mejores condiciones de vida, “mis compañeros si tenían las comodidades económicas, ellos tenían zapatos, buen vestido, y lo único que nos unía en la escuela era el uniforme, después de eso cuando yo regresaba a mi casa usaba ropa muy humilde y sencilla, descalzo, por eso no me atrevía a salir… quizá por pena, pero eso no impidió que tuviera una vida musicalmente dentro de mis límites”, añadió.

Becado para estudiar arte

En 1969, llegó una oportunidad para Elmer, quien tenía solo 17 años de edad, “apareció en el periódico la noticia que el Ministerio de Educación, proporcionaría 30 becas completas a nivel nacional sobre artes; 10 para artes plásticas, 10 para teatro y 10 para música, pero para eso había que examinarse en cada una de las regiones de El Salvador, me sometí al examen directamente en San Miguel, en el Instituto Nacional”, recordó. La beca consistía en estudio, alimentación, y  habitación con todos los gastos pagados.

Aproximadamente participaron entre 700 a 1,000 personas, y en un término de un mes los resultados finales fueron publicados, fue seleccionado para iniciar estudios de educación musical en el bachillerato en arte; era la primera promoción de prueba, los maestros eran todos de la Universidad de Estados Unidos, fue así como Elmer, inicio su carrera musical.

Una vez iniciados sus estudios en el Instituto Superior de Música, después de estudiar dos años en el Bachillerato en Artes, su desempeño fue premiado al recibir una solvencia académica de gran prestigio y honor, “fui uno de los alumnos sobresaliente de esa promoción; sin quitarle merito a los demás compañeros”, comentó, “fue un gran cambio en mi vida personal y académica”.

Don Elmer Amaya con su esposa Rhina, también intérprete de música.

Trabajo y logros

El Maestro Elmer Amaya, como es conocido; inició a trabajar en el Centro Nacional de Artes, en el Departamento de Música, para entonces ya se destacaba como violinista y como profesor joven en el área de instrumentos musicales.

En 1974, cuando llegó a El Salvador el método Suzuki del cual Elmer ha sido pionero hasta la fecha, ha tenido la oportunidad de formar a muchos jóvenes,  a través de este proyecto que busca que las nuevas generaciones del país rindan frutos musicales.

Pertenece al Foro Latinoamericano de Educación Musical (FLAEM), y ha sido representante del mismo; donde se reúne con muchos músicos del país y de América Latina.

Cada año se reúnen en distintos países como Guatemala, Costa Rica, Nicaragua, Chile, Colombia, Brasil, y México, y en cada uno de ellos se congregan innumerables maestros de música connotados en el campo de la educación musical.

Integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional de El Salvador

Ingresó como joven violinista al seno de La Orquesta Sinfónica Nacional de El Salvador, “ahí inicié mi carrera como instrumentista, y me jubilé 30 años después para dedicarme hoy en día a los trabajos provisionales de los proyectos para una nueva generación”, comentó. Ha sido integrante de muchos grupos de orquestas, y director de la Orquesta Estudiantil del Departamento de Música.

Amor por los instrumentos musicales

“Por lo general cuando uno tiene una pasión por la música, cualquier instrumento es interesante para conocerlo”, dijo el Maestro Amaya. Su pasión va dirigida al violín, pero le gusta tocar todos los instrumentos de cuerdas como el viola, shelo, contrabajo y los instrumentos de viento madera como la flauta, clarinete, saxofón, trompeta, trombón, además ha tocado marimba e instrumentos de percusión.

“El instrumento que me ha gustado y que cuando era joven lo aprendí es la concertina (acordeón), y me gustaría dedicarme en mis tiempos libres a tocar ese instrumentos”, añadió.

Entre sus logros se menciona:

  • Violinista integrante de la Orquesta Sinfónica de El Salvador, por más de 35 años
  • Primer director y fundador de la Orquesta Sinfónica Juvenil de El Salvador, en el año de 1995
  • Actualmente pertenece a la Orquesta Sinfónica Cristiana de El Salvador, en la cual ha sido invitado para dirigir a la orquesta en tres temporadas en un año.

Una familia de músicos

En 1970, Elmer, salió de  Ciudad Barrios, para instalarse en la capital salvadoreña, al terminar sus estudios continuó trabajando en la escuela Nacional de Música. Fue director de la Orquesta Estudiantil del Departamento de Música; “fue ahí donde conocí a una linda señorita, con la que después contraje matrimonio; su padre es un excelente músico, me refiero al maestro Benjamín Solís, gran compositor del país”, señaló.

Desde sus inicios Elmer, recibió el apoyo de sus padres, y una vez decidió formar su familia fue apoyado por ellos, iniciando desde su esposa Rhina de Amaya, y sus hijos Indy de Alvergue, María Rhina Amaya Solís, Benjamín y Alex Amaya; “puedo decir que sin el apoyo de mi esposa e hijos no hubiese asistido a muchos congresos relacionados a la educación musical en El Salvador”, comentó. Toda la familia de Elmer se dedica a la música, es un legado que inició desde sus antepasados y que ha pasado de generación en generación.

Rhina De Amaya, esposa del Maestro Amaya, es hija del compositor, pianista, músico y director de coros Maestro Benjamín Solís Menéndez; desde pequeña fue introducida a la música por medio de su padre, “nací en medio de la música, mi papá me enseñó a tocar piano, solfeo e historia de la música”, comentó Rhina; quien a los 13 años de edad ingresó a la Escuela de Música de El Salvador, “decidí como optativa la flauta, y en segundo lugar el piano; mi padre también tocó flauta en su adolescencia pero su instrumento preferido era el piano”, añadió.

Indy de Alvergue, con 37 años de edad, es la mayor de los hijos de la familia Amaya-Solís; quien además de sus padres también se dedica a la música; “tuve la bendición de ser la primogénita de una familia que tiene un legado musical”, dijo; “al ser la primera mis padres pudieron experimentar algunas actividades de estimulación temprana, desde colocar música con audífonos durante el embarazo, luego técnicas de memorización basada en melodías, y juegos motrices con ritmos definidos”, añadió.

Su primer maestro, fue su padre; quien desde los 3 años de edad le enseñó a tocar violín, bajo la metodología del Método Suzuki, de una manera divertida y natural.

Indy, recuerda cuando practicaba tocar violín en la sala de su casa, “recuerdo perfectamente cuando en la sala de mi casa, sacaba un pequeño violín de 1/8, y empezaba a sonar “Chocolate dulce”, en la primera cuerda apretando el primer dedo y quitándolo después, también cambiando de ritmo pero con las mismas notas podía tocar “Brilla, brilla estrellita”, que fue la primera canción que toqué en un recital en kínder 4 del Colegio Bautista de San Salvador”, comentó.

Además de tocar el violín, Indy toca el piano; su padre trato de enseñarle guitarras y otros instrumentos, “pero el violín ha sido mi favorito y hasta el día de hoy sigue siendo”, añadió. Para ella, el violín es un instrumento que ha crecido junto a ella, es fácil de llevar.

“Me gusta el violín por su sonido agudo, aunque tengo presente que como todo en la vida siempre necesita complementarse con algún otro instrumento para crear obras robustas”, recalcó.

Elmer Alexander Amaya Solís, de 34 años de edad, es otro de los hijos de la familia Amaya-Solís, quien desde muy temprana edad inició en la música; “inicié desde los 3 años a tocar violín; mi padre Elmer Amaya, me dió clases”, dijo. Actualmente se dedica a tocar Violoncello, guitarra acústica y eléctrica, y bajo eléctrico. Además formó parte de la Orquesta Sinfónica Juvenil y de la Orquesta Sinfónica Cristiana.

Además de dedicarse a la música; Alex, es Catedrático de maestrías, y consultor de estrategias y Recursos Humanos; ha sido ganador de algunos premios, entre ellos; “en el 2016, gane el premio Innovatics, del Ministerio de Economía, también gane el Reconocimiento Young Leaders Of The America Innitiative (YLAI) 2018, por parte del gobierno de los Estados Unidos a través del Departamento de Estado de los Estados Unidos”, añadió.

Su tiempo es dividido entre su trabajo y la música; “mi trabajo es durante el día, y la música es después de las 7:00 pm, y los fines de semana; normalmente toco en la banda de la iglesia”, comentó.

Para Alex, entre sus logros y experiencias, él enmarca las siguientes; “uno de los logros ha sido poder salir del país a tocar en conciertos; y una de las más grandes experiencias fue cuando me eligieron para tocar violoncello con un artista cristiano, Jesús Adrián Romero, en una de sus visitas a El Salvador”.

Formar parte de una familia de músicos, es algo de lo que pocos pueden disfrutar; “para mí es un orgullo, ya que se ha formado una nueva generación de músicos, y no todos pueden decir que tiene  intereses en común con su familia y es algo que va de generación en generación”, expresó Alex.

María Rhina Amaya Solís, hija de Elmer Amaya y Rhina de Amaya; además de estudiar Mercadeo, se dedica al igual que sus padres a la música; “en mi familia todos somos músicos, desde mis abuelos, tíos, primos, hermanos y mis padres”, expreso. Su niñez trascurrió acompañando a sus padres a los eventos musicales, y la sentaban a la par de ellos para que aprendiera y se diera cuenta que la música era algo familiar.

“Desde pequeña mis padres siempre me han dicho que la música es parte del propósito que Dios tiene para la familia”, dijo. Sus padres tenían una escuela de música, y mientras Rhina, crecía después del colegio siempre la llevaban, “para que aprendiera piano, flauta dulce, a leer música, y violín; pero a los 15 años me interese por el violoncello, y le pedí a mi padre que me enseñara; cuando nos llevaban al colegio siempre colocaban música clásica, y nos decían quiénes eran los compositores y los autores; y así fue como semillita por semillitas fuimos amando la música”, añadió.

Al ser una joven de 22 años, ha tenido muchas experiencias en el ámbito musical, entre ellas: “la primera vez que agarre el cello, de verdad sentí que había nacido para tocarlo; otra experiencia fue cuando por primera vez toque con la Orquesta Sinfónica Cristiana de El Salvador (orquesta a la que actualmente pertenece), en el Teatro Nacional, y viajar a Washington, nunca había imaginado eso y fue como un sueño hecho realidad, además otra de las más grandes experiencias que he tenido fue la primera vez que mi padre me llevo a dar clases de cello a los niños del pueblo”, expresó.

Un maestro de niños

El maestro Amaya, se dedica a enseñar a los niños a tocar algún instrumento, “el instrumento que me ha facilitado ayudar a los niños es el violín, por las distintas medidas que tiene, pero también soy partidario que cualquier instrumento puede ser aprendido dependiendo la forma como se está enseñando; y el violín ha sido uno de los instrumentos que en El Salvador ha tenido una vivencia clara por el Método Suzuki, en el cual fui participe y fundador”, explicó.

Para la familia Amaya-Solís, la música es el motor que los incentiva a seguir por el camino del arte musical y es un legado que permanece vigente desde tiempo atrás.

De chiquita siempre había sido normal estar en una familia de músicos; y ahora de grande es como, ¡ohh wow!, es raro ver familias así; es bien cool estar en una familia de músicos desde chiquitos nunca nos ha faltado la música ni siquiera a la hora de comer”, María Rhina Amaya.

“Mi papi es un hombre apasionado por lo que hace, enseñar es vida para él. No deja pasar ninguna oportunidad, siempre que él puede conversar con alguien le enseña algo nuevo”, Indy de Alvergue.

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Fátima Marcela Rivas Castro

La creación y corrección de contenidos me apasiona, como la lectura constante como un medio para seguir aprendiendo. Creo que el periodismo actual debe seguir teniendo reglas básicas de la novedad, combinadas con el exhaustivo reporteo, observación y narración, y que debe primar la ética y la originalidad, ante todo.

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