domingo, 18 noviembre 2018

“La relación que Monseñor tenía con mi familia era muy hermosa”

Doña Sara Sorto Viuda de López es católica desde niña, conoció a Oscar Arnulfo Romero y Galdámez,  convivió con él cuando éste era sacerdote, cuando todos en el pueblo le decian: “Padre Romero” y luego cuando ya era obispo de Santiago de María.

Redacción: Fátima Rivas

Fotografías: Fátima Rivas/Daniela Robles

Ella se convirtió en una de las miembros del grupo de las Señoras de la Caridad que él llegó a fundar a su tierra natal y que visitaba periódicamente para entregar los diplomas de los cursos que servían.

Sentada en un sillón cubierto con una tela de colores, Doña Sara rememoró los mejores años vividos al lado de aquel sacerdote sencillo que llegaba a su casa a escuchar la música de la marimba “Flor de café” que su esposo Alonso tocaba.

Jamás imaginó que aquellas canciones que tanto le gustaban a Monseñor Romero, quedarían atrapadas en su memoria y entre las paredes de su hogar, para recordar la memoria de quien luego se convertiría en mártir y en los próximos días: oficialmente en santo.

Doña Sara recuerda cuando el ahora Beato Monseñor Oscar Arnulfo Romero, llegaba a su casa a pedir las canciones que más le gustaban.

“La relación que Monseñor, tenía con mi familia era muy hermosa” relató, “mi mamá con la mamá de Monseñor se querían como si fueran de la familia; él llamaba a mi  mamá, Tía Sarita (mi mamá se llamaba Sara), y también la Niña Saída, que era hermana de Monseñor, le decía así a mi mamá”, rememoró.

Mientras resuena en su mente: “Calles bañadas de luna que fueron la cuna de mi juventud, vengo a cantarle a mi amada, oh luna plateada de mi Xelajú”, recuerda las  canciones preferidas de Monseñor:  Dios nunca muere, Luna de Xelajú, Mal Querido y De Colores.

Oscar Romero, era hijo de Santos Romero; telegrafista, originario de Jocoro, y de Guadalupe de Jesús Galdámez, maestra pero dedicada al hogar, originaria de Ciudad Barrios.

Ayudar a los pobres era una de sus debilidades, recuerda doña Sara, siempre mostró amabilidad y amor por lo que hacía, no temía a lo que le podía pasar.

“Cuando mi papá murió yo tenía 16 años, yo me fui  a trabajar un año a San Salvador, y cuando regresé, no veía a uno de mis hermanos, y yo le dije “mamá y Efraín” y ella me dijo, “ya te voy a contar”.

  • “En una mañana apareció el padre Romero, “hay que galán padre que ha venido” dijo mi mamá.                    – “si tía Sara, vengo porque quiero hacerle una ayuda con un niño de estos, le quiero ayudar a que estudie y que se prepare, pero ya me lo voy a llevar” y lo tomó de la mano, a Efraín,  –“no me le prepare nada, así como esta me lo llevo”, dijo Monseñor Romero. y se lo llevó por un tiempo .“y como le decía que no” – me dijo ella”.

Los recuerdos son muchos, y hasta ahora siguen vivos en las mentes de aquellos que admiran al voz de los sin voz, al pastor de los pobres.

Entre esos recuerdos está que Monseñor Romero, formó en Ciudad Barrios, el grupo de las Señoras de la Caridad, organizando a 20 personas, siempre con la ambición de ayudar al pobre y necesitado.

“Él venía a mi casa, y pedía las canciones que a él le gustaban”, rememoró Sara López, “él se miraba serio, pero era bien amable, y cuando ya tocaban las canciones se iba feliz”, recordó.

Cuando doña Sara, recibió la noticia del asesinato de Monseñor Romero, asegura que se puso muy mal, “yo no lo creía, estaba en una reunión,  temblaba”, contó.

El próximo 14 de octubre, la iglesia católica se vestirá de fiesta ante la canonización del Beato Romero. La felicidad en aquellos que convivieron con él es grande, aun se escuchan las homilías que hacen que su voz siga viva, mientras doña Sara recuerda las canciones preferidas de su querido Padre Romero y aquellas palabras que marcaron el reloj hacia su martirio: “Les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!”

Equipo de periodistas, estudiantes, editores y productores de la Carrera de Comunicaciones de la Universidad de Oriente UNIVO.