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Y usted ¿Ya apagó el fuego y bajó las cacerolas?

Trabajar en la virtualidad no es tan divertido como parece, los docentes sobre todo quienes son responsables, dedican mucho tiempo a la preparación de sus clases y la búsqueda de materiales adecuados para cada contenido.

Pero debido a que la comunicación es más versátil y se puede ahorrar una llamada con audios o textos, algunos perdemos el rumbo y la noción del tiempo, o estamos plenamente conscientes de ello y seguimos trabajando en horas que deberían ser de descanso.

En cierta ocasión un profesional que andaba de viaje en carretera, pasó por su lugar favorito para comer, iba pensando en lo rica que sería su cena pues iba a degustar comida casera, era tarde, tipo 7:00 de la noche y observó que estaban cerrando, la cocinera se estaba quitando el delantal, pero hambre es hambre, pensó, por lo que apresuró a sentarse y a pedir que le sirvieran de comer…pero la señora le respondió: ¡ya apagué el fuego y bajé las cacerolas! y le pidió que se marchara.

¿Creen que perdió un cliente? ¡claro que no! Aquella actitud fue una lección de vida para él quien, desde entonces, hace lo mismo, dedica 8 horas para el trabajo, 8 horas para el recreo familiar y 8 horas para el descanso.

Sin embargo, en la realidad a veces ni nos damos cuenta que fecha es, en que día estamos, si hicimos o no las tareas encomendadas…y se va pasando el tiempo, solo trabajando.

De acuerdo con el Psicólogo, Arquímedes Claros, posiblemente experimentemos olvidos, andamos distraídos, porque no marcamos las pausas necesarias para recuperarnos.

“A corto plazo la persona pierde su propósito, a mediano plazo nos idolatramos, creemos que somos tan importantes que puede pasar cualquier cosa si no contestamos una llamada… como no me valoro, considero que el otro es más importante” explica luego, en referencia a que siempre parecemos o estamos disponibles al trabajo, aunque sea tiempo de familia, o de descanso.

La única manera de librarnos de este vicio de trabajar las 24 horas, es ser eficientes en las 8 que debemos hacerlo afirma y eso es evidentemente difícil, sobre todo para un docente, que debe lidiar en casa con múltiples ocupaciones, la elaboración de materiales y los compromisos extra que se derivan en lo laboral.

Organización del tiempo, aprovechamiento de este, trabajo en equipo, entre otros, podrían reducir la tasa de trabajo extra, intentemos apagar el fuego y bajar las cacerolas, cuando se requiera, ya que la familia y la salud lo merecen.

Esto no quita que, si su trabajo es apasionante o no, alguna vez se requiera de un sacrificio o unas horas extra para colaborar, pero no deje que se vuelva rutina.

Las personas suelen juzgar cuando se prioriza la familia, una elección que quizá solo los mayores de 40 entendemos y que los jóvenes deberían de valorar…bueno, también algunas personas mayores de edad; les cuento, en una ocasión no me dieron permiso de faltar al trabajo, se graduaba mi hermana Rosy, así que no asistí, hoy que ella ya está por cumplir 5 años de habernos dejado físicamente, me digo que sí hubiera podido faltar, pero no puedo cambiarlo, si puedo disponer ahora de cómo gastar el tiempo, por eso ahora que usted tiene a Dios, a sus padres, sus hijos, sus cónyuges, deles su tiempo, ellos se lo merecen más que nada.

¡Apague el fuego y baje las cacerolas! todos los días.  Yo también lo intento…

fotografías: Mott

Liliana Monroy

Periodista, creo en Dios, soy fiel creyente en el potencial de los jóvenes para impulsar una mejor sociedad, me encanta ser parte de la formación de conciencia y conocimientos como docente, y ahora he emprendido una nueva aventura como Coordinadora de UNIVO News.

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