
Especialistas en salud del sueño advierten que la falta de descanso no solo provoca cansancio, sino que también impacta en la concentración, el estado de ánimo y la salud general.
Por M. Del Cid
Dormir bien se ha convertido en un desafío cotidiano para millones de personas. El estrés, el uso excesivo de pantallas y los cambios en los horarios afectan la capacidad de conciliar el sueño y descansar de forma reparadora.
Una de las técnicas más recomendadas es mantener una rutina de sueño constante. Acostarse y despertarse a la misma hora todos los días ayuda a regular el reloj biológico. Además, crear un ritual previo al descanso como leer, tomar una ducha tibia o practicar respiraciones profundas envía al cuerpo la señal de que es momento de relajarse.
El ambiente del dormitorio también juega un papel clave. Los expertos sugieren dormir en un espacio oscuro, silencioso y con una temperatura agradable. Reducir la exposición a pantallas al menos una hora antes de acostarse es fundamental, ya que la luz azul de celulares, tablets y televisores inhibe la producción de melatonina, la hormona que induce el sueño.
La alimentación y el consumo de estimulantes influyen directamente en la calidad del descanso. Evitar la cafeína, el alcohol y las comidas pesadas por la noche puede facilitar el proceso de conciliación del sueño. En su lugar, se recomienda optar por cenas ligeras y, en algunos casos, infusiones relajantes como manzanilla o tilo.
Finalmente, la actividad física regular y el manejo del estrés son aliados importantes. Hacer ejercicio durante el día, aunque no cerca de la hora de dormir y practicar técnicas de relajación como la meditación o el mindfulness pueden reducir la ansiedad nocturna. Si las dificultades para dormir persisten, los especialistas aconsejan consultar a un profesional de la salud para una evaluación adecuada.




