
La memoria, la atención y las experiencias cotidianas pueden influir en la manera en que una persona percibe el paso de los años, aunque la ciencia señala que no existe una única explicación para este fenómeno.
Por Josué Chávez
Las semanas parecen terminar antes y los años pueden sentirse cada vez más cortos a medida que avanza la vida. Esa sensación, frecuente entre personas de distintas edades, no responde a una aceleración real del tiempo, sino a la forma en que el cerebro procesa las experiencias, dirige la atención y construye recuerdos.
La percepción del tiempo ha sido estudiada durante años y las investigaciones muestran que el fenómeno es más complejo que simplemente afirmar que “el tiempo pasa más rápido con la edad”. Los cambios son menos evidentes cuando las personas valoran periodos cortos, pero pueden aparecer con mayor claridad cuando recuerdan etapas extensas de su vida.
Una investigación de Marc Wittmann y Sandra Lehnhoff, realizada con 499 participantes de entre 14 y 94 años, encontró pocas diferencias relacionadas con la edad al evaluar qué tan rápido habían transcurrido periodos como una semana o un mes. Las variaciones fueron más perceptibles cuando los participantes valoraron lapsos más largos.
La memoria es uno de los elementos que ayuda a comprender esa sensación. Los acontecimientos novedosos suelen generar referencias que permiten diferenciar una etapa de otra: ingresar a la universidad, conocer personas, visitar nuevos lugares, desarrollar un proyecto o enfrentarse por primera vez a determinada experiencia.
Las rutinas ofrecen un escenario distinto. Cuando numerosos días contienen actividades similares, al recordarlos pueden existir menos acontecimientos diferenciadores. Esto no significa que la rutina acelere el tiempo, sino que la manera de reconstruir posteriormente ese periodo puede influir en la impresión de cuánto duró.
La atención y las emociones también intervienen. Esperar durante unos minutos puede parecer interminable, mientras una actividad que mantiene a una persona concentrada puede sentirse breve. La percepción cambia nuevamente cuando esos mismos acontecimientos son recordados días, meses o años después.
En la vida universitaria esa diferencia puede observarse con facilidad. El inicio de un ciclo académico puede percibirse distante y, semanas después, las evaluaciones, proyectos, actividades y nuevas experiencias se convierten en referencias que permiten reconstruir cómo transcurrió ese periodo.
Los investigadores advierten que no existe una explicación única que determine cómo todas las personas experimentan el paso del tiempo. La edad puede intervenir, pero también lo hacen el contexto, la memoria, las emociones, la atención y las características de cada experiencia. Por eso, sentir que “el año pasó volando” dice menos sobre la velocidad del reloj y más sobre la manera en que una persona experimentó y recuerda los acontecimientos que marcaron ese periodo.




