El volcán más joven de El Salvador sigue contando su historia

El volcán más joven de El Salvador continúa siendo un símbolo vivo de la fuerza y la identidad natural del país.
Por M. Del Cid
Hoy destacamos algunos datos sobre uno de los colosos más emblemáticos del territorio nacional: el Volcán de Izalco, una imponente formación que, a sus 256 años, sigue despertando admiración entre salvadoreños y visitantes.
Ubicado en el departamento de Sonsonate, el Volcán de Izalco está clasificado como estratovolcán y se eleva hasta los 1,950 metros sobre el nivel del mar. Su silueta perfectamente definida y su historia eruptiva lo convierten en una referencia obligada dentro del paisaje volcánico salvadoreño, caracterizado por una intensa actividad geológica.
Su origen se remonta a 1770, año en que comenzó su formación tras una potente erupción que marcó el nacimiento de este joven gigante. Desde entonces, mantuvo una actividad casi constante durante cerca de dos siglos, registrando erupciones periódicas hasta 1966. Esta persistencia eruptiva lo llevó a ser considerado el volcán más joven del país.
Gracias a su actividad continua, el volcán ganó el apodo de “Faro del Pacífico”. Durante décadas, sus erupciones y el resplandor de la lava podían observarse incluso desde el océano, sirviendo como punto de referencia natural para navegantes que transitaban por las aguas del Pacífico centroamericano.
Hoy, aunque permanece en calma, el Volcán de Izalco sigue siendo un testimonio de la dinámica historia geológica de El Salvador. Más que una montaña, representa la memoria ardiente de la tierra y un recordatorio del poder transformador de la naturaleza que dio forma al territorio salvadoreño.




