El miedo y la desinformación frenan las donaciones que salvan vidas

A pesar de los avances médicos y las constantes campañas de concientización, persisten creencias erróneas sobre la donación de sangre, como el aumento de peso, el contagio de enfermedades o la exclusión por tatuajes, que reducen drásticamente el número de voluntarios y ponen en jaque las reservas de los hospitales.
Por M. Del Cid
En los pasillos de los centros de salud pública, la escena se repite con preocupante frecuencia: camillas vacías y refrigeradores de plasma al límite de su capacidad. La escasez de componentes sanguíneos no se debe necesariamente a una falta de solidaridad ciudadana, sino a una densa red de mitos urbanos que se ha transmitido de generación en generación. Entre los temores más comunes y persistentes se encuentra la idea de que donar sangre engorda o debilita de forma permanente el organismo, mitos que los especialistas desmienten categóricamente al explicar que el volumen de líquido extraído se recupera en apenas unas horas tras ingerir líquidos y descansar brevemente.
El temor al contagio de enfermedades infecciosas es otra de las barreras psicológicas más difíciles de derribar para los donantes primerizos. Sin embargo, las organizaciones hematológicas globales recuerdan que es físicamente imposible contraer ningún virus durante el procedimiento. Todo el material utilizado desde las agujas hasta las bolsas de recolección, es estrictamente estéril, se abre en presencia del donante y se desecha de inmediato de forma segura, garantizando que el proceso sea completamente inocuo para el voluntario.
Por otro lado, los requisitos de elegibilidad suelen ser mucho más inclusivos de lo que la población general imagina. Las personas con tatuajes o perforaciones corporales, que históricamente se autoexcluían del proceso por desinformación, hoy en día pueden donar sangre sin inconvenientes una vez transcurrido el periodo de espera establecido por las normativas de salud locales, el cual suele rondar entre los cuatro y doce meses. Asimismo, condiciones comunes como la hipertensión o la diabetes no son impedimentos definitivos, siempre y cuando el paciente se encuentre bajo tratamiento médico y con sus niveles controlados al momento de la cita.
Cada donación toma menos de quince minutos, pero tiene el potencial de salvar hasta tres vidas adultas, ya que los componentes de una sola bolsa se dividen en glóbulos rojos, plasma y plaquetas para beneficiar a pacientes en cirugías complejas, víctimas de accidentes de tráfico o personas bajo tratamientos oncológicos. Ante un panorama donde la desinformación puede costar vidas, los expertos recuerdan que la sangre no se puede fabricar artificialmente; el sistema de salud depende enteramente de la voluntad humana y de la capacidad de la sociedad para sustituir los mitos por datos científicos.




