miércoles, 12 diciembre 2018

Los esposos artesanos de escoba de palma de Chilanga

Pese a ser parte del patrimonio, este trabajo artesanal va desapareciendo en la zona

Por: Jennifer Romero

El talento y el amor al trabajo que por años fue el sustento de muchas familias, hoy no es más que un recuerdo que muchos admiran pero que pocos practican. El municipio de Chilanga, Morazán, ha visto crecer a grandes personajes y entre ellos a los artesanos de escobas de palma y petates.

La edad, el cansancio y el trabajo en el campo no son impedimentos para Miguel Ángel Hernández, quien por años se ha dedicado a la elaboración de escobas de palmas, y que aun continúa ejerciendo este oficio, asimismo, no ha perdido el movimiento y la rapidez en sus manos al momento de la manufacturación.

 

Él es una persona amable, entregada a su trabajo, desde muy joven siempre le gustó trabajar en las cortas de café y algodón y ganaba más, según relató,  pero cuando aprendió a elaborar las escobas, se dedicó a seguir fabricándolas, pero nunca pensó que las estaría elaborando después de varios años.

Don Miguelito, como es conocido en el municipio, tiene 78 años de edad, su oficio solo era la fabricación de las escobas, pero con el tiempo las compras de estas fueron disminuyendo, ya que las personas prefieren más la que son de cepillo. Por esa razón ya no se elaboran tantas como hace tiempo, hoy solo realiza una en el día para lo cual le dedica solamente una hora.

Desde hace cuarenta años practica este oficio, pero a causa de que no se obtiene mucha ganancia, ha decidido dedicarse a la agricultura ya que solo de las escobas no es suficiente para el hogar, y por su edad no encuentra otro trabajo. “al que le gusta trabajar, aunque sea ganando nada trabaja” comentó.

Todas las tardes después de regresar del campo, prepara los materiales, se sienta en la parte de afuera de su casa y coloca la palma en agua, y empieza a darle forma a la escoba y estilo para que se vea más atractiva, sus precios varían según la decoración puede ser $1 o $1.50 por escobas.

Sin embargo, esto es algo que no se le toma mucha importancia, ya que a las personas no les interesa, ni al gobierno mantener vivo este oficio, de igual forma antes había muchos artesanos de sombreros en el municipio y al morirse nadie fabricará más. “me gustaría que otros quisieran aprender esta ocupación, pero no hay mucho interés” dijo Miguel Ángel, con la mirada triste.

Además, su esposa María Concepción, también es una artesana ella elabora petates de tule;  desde los diez años, a causa de la muerte de su madre, tuvo que enfrentarse a la vida trabajando a temprana edad en la venta de verduras, y fue ahí donde aprendió el proceso de elaboración de un petate con solo mirar a las demás personas hacerlos.

Ella a sus 73 años, aún se mantiene en la misma labor vende sus petates los domingos en el mercado o espera a los compradores que llegan hasta a su casa. Comenta que es más fácil de vender porque aún hay personas que los prefieren y los precios son muy cómodos, anda entre los $3 y $11 dólares dependiendo el tamaño, un precio que n0 compensa el tiempo de dedicación que se requiere para elaborarlo.

No obstante, el trabajo antes era mucho más accesible y más vendible “Cuando empecé a elaborarlos no había muchos que lo hicieras, entonces se vendía mas, dentro y fuera del municipio” comento María concepción.

Además, al igual que su esposo sale a comprar los materiales, en ocasiones han tenido que ir hasta el municipio de Sensembra, Morazán. Ella también aprendió a elaborar escobas, pero reconoce que es un trabajo muy complicado de hacer y también de vender. Por esa razón nadie en su familia ha querido aprender a elaborarlas.

Para ella solo hay que dedicarle un poco más de tiempo, tener voluntad para aprender, aunque comenta que hay mejores trabajos razón por la cual este oficio está quedando en el olvido por el poco interés de aprender.

Pero conocer lo difícil que es ser artesanos los ha llevado a comprenderse el uno al otro “Me alegro mucho por el trabajo de mi esposo, admiro su esfuerzo y dedicación” dijo María Concepción quien reconoce lo difícil del oficio de su esposo.

Lo que más les preocupa a estos artesanos es el hecho de que esto no se siga realizando ya que es una parte fundamental de la comunidad en si “Al morir serán pocos los artesanos que sigan elaborando pues son muy pocos, y esto es algo que si no se le toma la debida atención es posible que desaparezca” comento Miguel Ángel

De igual manera, a ellos les gustaría que aun cuando ya no estuvieran, hubiera más personas que continúen con este oficio, para que no desaparezca, ya que a su juicio es muy bonito aprender de todo, solo se necesita dedicarle tiempo.

Asimismo, hay muchas personas que conocen y admiran el trabajo de estos dos artesanos. Como Elizabeth Pérez, quien tiene quince años de conocerlos y desde que estaba joven recuerda como don miguel como ella lo llama, salía siempre a buscar palos para elaborar sus escobas y la manera como el ayuda a su esposa con la compra del tule para que ella elabore sus petates.

“Respeto y sobre todo admiro el trabajo que ellos hacen ya que es muy complicado, son un gran ejemplo para la comunidad y sobre todos nos dejan una buena enseñanza” comentó Elizabeth Pérez.

Al morir serán pocos los artesanos que sigan elaborando escobas de palma, pues son muy pocos, y eso es algo que si no se le toma la debida atención es posible que desaparezca” Miguel Ángel, artesano.

 

 

 

Equipo de periodistas, estudiantes, editores y productores de la Carrera de Comunicaciones de la Universidad de Oriente UNIVO.

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